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Che, El Argentino (J. Revert)

El che a través de la lente de Soderbergh

Jordi Revert
Puntuación del crítico

Era cuestión de tiempo que el cine acabara posando su mirada sobre la figura del Che. La fortuna ha sonreído a aquellos que buscaran en esa mirada la mayor distancia posible, la sobriedad y la lejanía de los fanatismos y las preferencias políticas en un proyecto en el que a priori parecía imposible no posicionarse respecto a la controvertida figura central que lo mueve. Vaya por delante que Che, El Argentino no es una película apolítica. Ni falta que le hace. Si acaso podemos exigirle a un retrato de esta índole que no caiga en el panfleto en el que cineastas de la talla de Ken Loach se han visto alguna vez tentados y hasta sucumbido (Tierra y libertad [Land and Freedom, 1994]). Y Steven Soderbergh seguramente muestre a un Che heroico pese a la inclusión de sus demonios y los de la revolución, las contradicciones y los reproches necesarios que apartan el filme de la parcialidad aberrante, pero uno a ciencia cierta saldrá del cine convencido de que la historia que le han contado era tan fascinante como necesaria. Y lo más importante: que se la han contado bien, despacio y con buena letra.

La primera hora de metraje de Che, El Argentino son minutos del mejor cine de Soderbergh, aquel que nos remite a un estilo narrativo cuasi documental que ya viéramos en Traffic (2000) y a una concepción visual cruda y áspera, de blanco y negro sumamente granulado que aquí es utilizado como el flashforward que nos traslada a uno de los dos puntos de referencia de la narración, la intervención del revolucionario en las Naciones Unidas (el otro y acertado momento es una velada entre amigos antes de partir a Cuba); la narrativa central, aquella que nos sitúa en la organización y primeros pasos de la revolución cubana desde la Sierra Maestra, está filmada con cámara RED, innovador recurso que otorga una textura documental a la película sin abandonar la calidad de una imagen con gran viveza de colores. Su imagen agreste y la excelsa fotografía son pues, los pilares maestros sobre los que el cine de Soderbergh consigue su tono mayormente aséptico, distanciado de los hechos que narra sin (aparentemente) adoptar la posición de juez.

Así, altamente definido por las premisas técnicas que configuran el estilo visual tan característico de su autor, Che, El Argentino resulta un pausado pero constante recorrido por las andanzas del argentino y una valiosa explicación del proceso de implicación del mismo en el movimiento revolucionario cubano. Soderbergh toma como fuentes documentales el diario mismo del Che y los libros del periodista Jon Lee Anderson para elaborar una narración compleja y fracturada, con continuos, quizá excesivos, saltos en el tiempo en un comienzo que tarda en acostumbrarnos a la amalgama de los múltiples frentes narrativos que se nos presenta. Sin embargo, pronto queda patente que, pese al abuso de los saltos temporales y ruptura de la linealidad, el proceso narrativo acaba funcionando y revelándose como un eficaz vehículo para evitar el desgaste del espectador frente a aquello que le es narrado. Así, el proceso revolucionario se revela de lo más interesante, tanto desde su construcción ideológica como en las aberraciones que la contradicen y que se cometen en el nombre de la misma. Que Soderbergh no sea el retratista más imparcial posible (y quizás lo sea) deja de importarnos para atender a una historia que aún hoy sigue fascinando y incomodando a partes iguales, pero que en la pantalla nos es relatada con la mesura y el oficio de un cineasta que le imprime unas señas de identidad asentadas y en su madurez.

Benicio del Toro es el gran nombre de un cartel de actores sólidos y algunos notables. Del Toro demuestra su carisma y peso en la pantalla con una actuación sobria y medida, que merece la total atención del espectador para advertir, en las distintas etapas de la vida del Che, los matices que el magnífico actor consigue imprimir a un personaje que pasa de la duda a la convicción ideológica, de la convicción ideológica a un liderazgo que debe ser interiorizado, y del liderazgo al afrontamiento de sus consecuencias y la retrospectiva ya en la madurez. Mención especial merece un Demián Bichir que ejecuta al joven Fidel Castro de manera excepcional, sorprendente cuanto menos, y que evita la sombra de Del Toro en las múltiples escenas que ambos intérpretes comparten. Del Toro y Bichir son secundados por un reparto con mayores y menores aciertos, a saber un Unax Ugalde desdibujado o una fugaz y prescindible aparición de Julia Ormond, pero que en cualquier caso revelan el buen hacer de Soderbergh al mando de su elenco.

El principal pero de un proyecto de carácter sobrio y ausente de una épica desmesurada en la que no hubiera resultado difícil caer es el hecho de que el proyecto se haya visto, una vez más, alterado en su concepción original por las necesidades comerciales de un mercado que ya no acepta cuatro horas de metraje, aun cuando este se revela sumamente interesante y le diera una dimensión más grande si cabe a una película que no necesita de tal división. De esta manera el final de Che, El Argentino es poco menos que una interrupción de la narración cuando ésta está tomando el camino, no menos interesante, de un relato de guerrilla y revolución. Peor aún, significa una interrupción de unos personajes en constante crecimiento ante los ojos del espectador, sin que el montaje, efectivo pero no suficiente para dar una sensación de cierre redondo a la película, pueda solucionar la sensación de arrebato que nos invade llegados los títulos de crédito. Es Che, El Argentino, a pesar de ello, una cinta no sobresaliente, pero sí altamente interesante y de indudables méritos tanto cinematográficos como biográficos, que hace de su mirada analítica y su imagen pretendidamente aséptica su mayor baza para el espectador que, más lejos que cerca de políticas y convicciones, se siente a que le cuenten una historia de guerrilla y revolución. La historia pendiente del cine: la cita pendiente del cine con un personaje histórico resuelta en un retrato de eficaz y sobriedad probadas.

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