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martes, 12 de diciembre de 2017

Zohan: Licencia para peinar (E. Garnelo)

¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Elías Garnelo
lunes, 15 de septiembre de 2008, 09:49

Con el transcurso del verano es normal encontrarse en las carteleras con peliculas de acción basadas en cómics (que por cierto, tanto éxito están teniendo últimamente) o con comedias que tratan de refrescar esos malos calores que nos hace pasar el periodo estival. En muchos casos, los más afortunados, son de agradecer, pero he de reconocer que tengo serias dudas con el caso de Zohan.

Adam Sandler regresa a la gran pantalla de la mano del director Dennis Dugan, esta vez encarnando a un agente Israelí del Mossad, cuya especialidad es la lucha contra el terrorismo Palestino. A primera vista, teniendo en cuenta que Dugan no es un inexperto en el campo de la comedia de risa fácil y que Sandler tampoco es que sea un primerizo, uno alberga ciertas esperanzas de que la película pueda ofrecer algo de humor con "H". Además, la película cuenta con refuerzos como Rob Schneider o John Turturro, ambos actores con una trayectoria no menos reconocida. Y, por supuesto, he de admitir que el tema de trasfondo de la película despierta cierto morbo en un espectador como yo, que me preguntaba cómo se las habría ingeniado el director para tratar un tema tan escabroso como el conflicto entre Israel y Palestina sin levantar demasiadas ampollas.

No obstante, no nos engañemos, cuando uno acude a ver una película como la de Zohan, no espera encontrarse con un ejemplo de humor sutil e ingenioso. Más bien buscamos pasar un rato de rísas fáciles y pensar lo menos posible. Y con esa misma intención el presente servidor se fué con su paquete de palomitas y su refresco al cine. Y la verdad, no sé qué me dolió más, si gastarme la pasta que hay que pagar por unas palomitas que están casi al precio del crudo (inviertan en maiz, lo agradecerán...) o haberme aventurado a ver esta película sin consultar antes a mi oráculo cinematográfico. Porque uno a veces también quiere desconectar, pero todos tenemos un límite. No crean que digo esto de manera gratuita. Al margen del mayor o menor cariño que Sandler pueda despertar en nosotros (admito que sabe cómo quedarse con el público), hay que reconocer que la película se queda muy por debajo de sus propias espectativas.

La historia que se nos narra parte del sueño de un afamado agente Israelí del Mossad de abandonar su vida de belicismo y huir a los Estados Unidos para realizarse como peluquero, su verdadera vocación. Una vez llegado a la tierra de las oportunidades, tendrá que enfrentarse a una serie de desafíos para poder alcanzar su sueño. No desvelaré mucho más de la película, ya que sería una pena destrozar el argumento que resta. Sólamente añadir, que a lo largo de toda la película está presente el conflicto palestino-israelí y que Dugan, desde su visión en tono de humor, ofrece sus propias soluciones, simples como las de un niño, pero que podrían resultar efectivas. He aquí uno de los mayores valores de la película. Lástima que el contenido no se corresponda con el continente.

Desde los cinco primeros minutos del film ya sabemos lo que nos espera. Un Sandler transformado en un James Bond hortera, con una docena de pares de calcetines metidos en la entrepierna y con un acento en muchas ocasiones ininteligible (fallo de una sobreactuada traducción al castellano). Efectivamente, gran parte de la fuerza cómica del film recae en el protagonismo del miembro del personaje principal de la historia. Y con ello no quiero decir que no sea un recurso efectivo ya utilizado en numerosas ocasiones en comedias procedentes del otro lado del charco, pero el incoveniente de este film es que llega a resultar cansino y cargante, perdiendo la mucha o poca efectividad que pudiera haber tenido en una dosis más moderada.

Esto me lleva a declarar que uno de los mayores fallos que le veo a esta película es que es demasiado repetitiva. Explota en exceso los prototipos y los gags. Claro ejemplo de ello (y no el único) es la fijación que se tiene con el Hummus a lo largo de todo el metraje. Además, el absurdo con el que juega Dugan constantemente se desborda, revasando los límites que una buena comedia al estilo Top Secret o cualquiera de la saga Agarralo como Puedas debe mantener. Y ya como colofón, algunas referencias escatológicas, que a mi parecer pasan de ser graciosas a ser vulgares y de mal gusto.

Por último, destacar que en muchos momentos de la película uno debe hacer verdaderos esfuerzos para entender lo que los personajes están diciendo. Esto, por su puesto, no se debe tanto al film original (me encantaría saber cuán crípticos pueden resultar Sandler y compañía imitando acentos de los paises árabes) como a una traducción que, desde mi punto de vista, resulta sobrecargada en su intento de resultar más cómica. Por lo menos, el lado positivo es que esto nos obliga a echarle un poco de imaginación y hacer un esfuerzo por completar los chistes y gracietas que los personajes lanzan indiscriminadamente como si fueran caramelos de una carroza de carnaval.

Siento tener que llevarle la contraria al título original de esta comedia, "don't mess with the Zohan" ("no te metas con el Zohan"). Puede que muchos consideren esta crítica dura en exceso, pero lo cierto es que se empiezan a echar de menos aquellas comedias en el que el absurdo resultaba de un ingenioso pasmante, los gags realmente estaban trabajados y los actores sabían cuando echar toda la carne en el asador. Ciertamente es una pena comprobar que ya quedan pocos bástagos de aquellas pequeñas joyas capaces de hacerte llorar de la risa.

Eso sí, no crean que en la película de Zohan todo es vulgar y zafio. Hay que reconocerle sus méritos y confesar que algún que otro momento brillante, por muy fugaz que sea, sí que tiene. El tema de trasfondo, además de polémico, es original y eso le suma algún punto más a este trabajo. Y como no, Sandler no ha perdido aún ese áurea de niño bueno a lo grandullón, que hace que le perdonemos más de una mala gracieta.

En definitiva, comedia ésta que podría haber ofrecido mucho más de lo que se nos pone en la mesa, pero que para rellenar los ratos muertos cumple con su objetivo. Eso sí, casi mejor esperarse a su lanzamiento en video e invertir los euros de la entrada del cine (que no son pocos) en una obra que nos deje con mejor sabor de boca.

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