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martes, 12 de diciembre de 2017

Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! (J. Revert)

La guerra de Stiller

Jordi Revert
Puntuación del crítico

La cuarta película de Ben Stiller es un certero golpe contra el gigantesco ego de Hollywood y sus actores. Lo hace a través de una farsa, el rodaje de la película bélica más cara y desastrosa de la historia, que evidentemente va a remitirnos al Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. El marco es el ideal para hacer de la parodia del género bélico un arma recurrente, que apunta desde Platoon hasta El puente sobre el río Kwai con descaro pero nunca cayendo en el copia y pega tan manido por la franquicia de los hermanos Wayans, lo cuál es de agradecer. Si bien no podemos congratularnos de que el guión escrito por Ben Stiller y Justin Theroux aporte grandes dosis de inteligencia en su hiperbólica, desmesurada burla hacia el estrellato hollywodiense y sus insufribles comportamientos, al menos no podemos negarle a Tropic Thunder que encuentra en su farsa no pocas veces la carcajada a través de lo exagerado y lo esperpéntico, la hipérbole de la parodia y lo grotesco, la última instancia de un humor que, sin embargo, sigue teniendo unas señas de identidad de las que otros ni siquiera pueden presumir.

La declaración de intenciones llega con un anuncio y tres tráileres, falsos todos ellos, que descolocan incluso al espectador que más pueda esperar semejante apertura de parte del señor Stiller. La idea es delimitar rápidamente, a través de tres falsas películas, los tres perfiles del trío protagonista que participará en el rodaje infernal de Tropic Thunder. Uno, el propio Stiller, desempeñará un héroe de acción en horas bajas; Jack Black se nos presentará travestido y flatulento en una simple pero asombrosamente efectiva por hilarante bofetada a El profesor chiflado (por supuesto, la funesta producción protagonizada por Eddie Murphy); por último, Robert Downey Jr será el actor consolidado, ganador de cinco oscar y obsesionado con obtener la plena simbiosis con sus personajes. Estos tres sujetos pasarán de encontrarse en el cómodo y caprichoso contexto del set de rodaje a verse en medio de la jungla enfrentándose a una inusual guerrilla con bombas de humo y pirotecnias varias. La situación derivará en todo tipo de absurdos en el que se desencadenarán los excesos cómicos y paródicos tan del gusto de Stiller, siendo algunos realmente efectivos mientras otros rayarán y sobrepasarán la barrera del mal gusto. Compendio de casi todos los frentes en los que el humor puede realizar su incursión, Tropic Thunder triunfa en aquellos destinados a subrayar de sobremanera la estupidez innata de sus personajes (algo que cineastas como los Coen saben hacer, indudablemente, con más elegancia e inteligencia), y fracasa en casi cualquier intento de desenvolver un humor verbal (innecesaria y banal conversación en torno al presunto racismo de una expresión, impagable teoría en torno al criterio de la Academia para otorgar el Oscar a papeles de retrasados).

En su intento de abofetear el star-system y la industria, Tropic Thunder no está exenta de cierta hipocresía. Si en Un loco a domicilio Ben Stiller era capaz de desarrollar una más o menos acertada crítica a los mass media sin salir de casa, en Tropic Thunder no hay que olvidar que lo mordaz que pudiera presumir su mirada al Hollywood de los excesos queda en buena parte dilapidado por su condición de gran superproducción de vocación, por qué no decirlo, más taquillera que las precedentes películas de Stiller (la susodicha Un loco a domicilio, amén de su ópera prima Bocados de realidad [Reality Bites, 1994] y la más reciente Zoolander [2001]). Tampoco debemos olvidar que el hecho de que la mitad de ese star-system se pasee por la película deja a la película de Stiller más cerca de una amable autocrítica en la que todos puedan reírse de sí mismos que un verdadero ataque que abarca desde los aires de deidad de los magnates / productores hasta los vicios inconfesables de los actores (acá la drogodependencia del personaje de Jack Black). Pero aun siendo conscientes de las cantidades ingentes de autocomplacencia y mero divertimento que puedan significar incursiones como las de Matthew McConaughey en el papel de agente de Tugg Speedman (Ben Stiller), no podemos sino reconocer que la aparición de un irreconocible Tom Cruise dando vida al ególatra y detestable magnate que financia la película aporta, a través de sus incontrolables estallidos de cólera, algunos de los momentos más hilarantes de la película. La aparición en la conclusión de un Jon Voight perdiendo el Oscar en la mediática ceremonia añade el último de una serie de cameos que confirma que las intenciones de Ben Stiller se parecen, cada vez más, a las de un Santiago Segura tirando de su lista de amigos e instándolos a participar en el patio de recreo que es su película. La sana intención de todos ellos de reírse de mismo no invalida desde luego la intención crítica, pero ejerce irremediablemente un efecto atenuante sobre la misma.

Irreverente e incorregible, de intenciones explícitas y muy discutibles, Tropic Thunder es una irregular comedia que por suerte se aleja de los modelos predominantes que revisan periódica e inútilmente los taquillazos de temporada para explotar gags zafios y de encefalograma plano. En la película de Ben Stiller la parodia surge del contexto, y del contexto, los demonios e inseguridades de un grupo de actores en los que fácilmente podemos identificar perfiles de Hollywood. Ello no significa que Stiller renuncie al humor fácil derivado de los no exentos golpes de efecto ni que pretenda un humor inteligente en los diálogos de sus excéntricos personajes. Su humor es el de la exageración hiperbólica, encontrar la carcajada mediante el retrato desmesurado de los caprichos y comportamientos de un grupo de actores cuyos egos inmensos quedan ridiculizados a nuestros ojos para poner reconstruirlos, así, como los improbables héroes de una comedia del absurdo. Un ejercicio nada fácil, desde luego, que Stiller resuelve con solvencia con una comedia totalmente intrascendente, pero eficaz y triunfadora en sus pretensiones.

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